domingo, 5 de junio de 2016

“Joven, yo te lo ordeno, levántate”




LECCIÓN DE CRISTO 5.6.2016
www.ireguimilton.blogspot.com

Un gran  Profeta ha surgido entre nosotros.
Dios ha visitado a su pueblo

         Primera lectura del primer libro de los Reyes 17,17-24. En aquellos días, cayó enfermo el hijo de la señora de la casa. La enfermedad era tan grave que se quedó sin respiración. Entonces la mujer dijo a Elías: «¿Qué tienes tú que ver conmigo? ¿Has venido a mi casa para avivar el recuerdo de mis culpas y hacer morir a mi hijo?» Elías respondió: «Dame a tu hijo.» Y, tomándolo de su regazo, lo subió a la habitación donde él dormía y lo acostó en su cama. Luego invocó al Señor: «Señor, Dios mío, ¿también a esta viuda que me hospeda la vas a castigar, haciendo morir a su hijo?» Después se tendió tres veces sobre el niño, invocando al Señor: «Señor, Dios mío, que vuelva al niño la respiración.» El Señor escuchó la súplica de Elías: al niño le volvió la respiración y revivió. Elías tomó al niño, lo llevó al piso bajo y se lo entregó a su madre, diciendo: «Mira, tu hijo está vivo.» Entonces la mujer dijo a Elías: «Ahora reconozco que eres un hombre de Dios y que la palabra del Señor en tu boca es verdad.» Palabra de Dios. Te alabamos Señor.
         Salmo responsorial 29, 3-6.12-13 R/. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado del abismo. Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste. Señor, sacaste mi vida del abismo, me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R/. Tañan para el Señor, fieles suyos, den gracias a su nombre santo; su cólera dura un instante, su bondad de por vida; al atardecer nos visita el llanto, por la mañana, el júbilo. R/. Cambiaste mi luto en danzas y me has vestido de fiesta; te cantará mi alma sin callarse. Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R/.

         Segunda lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 1,11-19. Hermanos, Les hago saber que el Evangelio anunciado por mí no es de origen humano; yo no lo he recibido ni aprendido de ningún hombre, sino por revelación de Jesucristo. Habéis oído hablar de mi conducta pasada en él judaísmo. Con qué saña perseguía a la Iglesia de Dios y la asolaba, y me señalaba en el judaísmo más que muchos de mi edad y de mi raza, como partidario fanático de las tradiciones de mis antepasados. Pero, cuando aquel que me escogió desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia se dignó revelar a su Hijo en mí, para que yo lo anunciara a los gentiles, y en seguida, sin consultar con hombres, sin subir a Jerusalén a ver a los apóstoles anteriores a mí, me fui a Arabia, y después volví a Damasco. Más tarde, pasados tres años, subí a Jerusalén para conocer a Cefas, y me quedé quince días con él. Pero no vi a ningún otro apóstol, excepto a Santiago, el pariente del Señor.
         Evangelio según san Lucas, 7,11-17: En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío. Cuando  se acercaba a la entrada de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a  un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío  considerable de la ciudad la acompañaba. Al verla el Señor, le dio  lástima y le dijo: «No llores.» Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo  llevaban se pararon) y dijo: «¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!» El  muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su  madre. Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo: «Un gran  Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.» Y así fue, la noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera.




No hay comentarios:

Publicar un comentario