LECCIÓN DE CRISTO 15.2.2014
LAS BIENAVENTURANZAS. Mateo,
5 1-12
Dice
Jesús a sus discípulos: "Dichosos los pobres de espíritu, porque de
ellos es el reino de los cielos. Dichosos los afables, porque ellos
heredarán la tierra. Dichosos los afligidos, porque ellos será consolados.
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos será saciados.
Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos
los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan
por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Dichosos los perseguidos
por ser justos, porque de ellos es el reino de Dios. Dichosos seréis cuando os
injurien, os persigan y digan contra vosotros toda suerte de calumnias por
causa mía. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los
cielos.
También
Jesús dice a sus discípulos, que ellos son la sal de la tierra. Si la sal se
corrompe hay que tirarla a la basura. Pensemos y analicemos: hoy hay mucha sal
podrida en la basura. Pero les dice también que son la luz del mundo, pero que
tienen que poner esa luz en un sitio que todos lo humanos la veamos. Por eso el
papa Francisco quiere que la sal salga a componer la vida. Que nos encontremos
hablando de Jesús sobre estas bienaventuranzas, las apliquemos a nuestra vida
diaria, y las tengamos presentes siempre, y no por ráticos, como suele pasarle
a muchos.
Para
eso tenemos que distinguir entre rezar y meditar. Hoy las personas oran y rezan
para que Dios obre. Olvidando que Dios es infinitamente misericordioso, sabio y
no tiene las limitaciones de los humanos. Por eso parece presuntuoso que los
hombres le digamos a Dios como obrar. Inclusive le pedimos que cure nuestro
estrés, cuando somos nosotros mismos los que podemos hacerlo...No hay
nadie que pueda hacerlo por nosotros, ni siquiera Dios, que respeta nuestra libertad.
!Pero eso sí lo hacemos con la ayuda de Él! Cuando lo queremos y es decisión
personal nuestra, así nuestro ego se oponga.
Por
eso hay que desarrollar la meditación, para que sea la persona con sus propias
palabras, y con su reflexión, la que discierna sobre los problemas que está
generando su estrés.
Hecho
esto, nuestra misión deberá llevar nuestro discernimiento a las
bienaventuranzas para aplicar lo que nos dice Jesús, de tal manera que sea su
luz la que ilumine nuestro andar sobre la tierra.
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